Bueno, después de tanto
tiempo, por fin me he decidido a escribir la última entrada de este blog “Memorias
de Ghana” (al menos por el momento). La verdad es que los últimos días que pasé
en Ghana estuve muy liada acabando proyectos y apurando al máximo los minutos
que me quedaban en este acogedor país y cuando volví a Europa, supongo que no
me atrevía o no quería cerrar esta etapa de mi vida en la que he aprendido
tanto. Pero bueno, ya va siendo hora y no se deben dejar las cosas sin
terminar, así que aquí va “the closure”.
Los últimos días fueron la
típica mezcla de sentimientos, por un lado tenía muchas ganas de ver a mi
familia y amigos (y de comer queso y chocolate también) pero por otro lado, no
quería irme y dejar todo aquello que había vivido durante esos meses y que
me había cambiado tanto, sin saberlo yo todavía. También intenté aprovechar el
máximo tiempo posible con mi familia de acogida y con la gente que allí había
conocido, así como para dejar más o menos cerrados los proyectos que había
iniciado en AFAWI.
Esta experiencia me ha
servido para descubrir varias cosas:
- Los proyectos que las organizaciones e instituciones en países “desarrollados” piensan y plantean para aplicar en países “en desarrollo” no saldrán bien si no se tiene en cuenta la mentalidad y la cultura del país en que vaya a implementarse ya que te vas a encontrar con mil contratiempos a la hora de llevarlos a cabo. Yo creo que deberían ser ellos siempre los que propongan proyectos reales, acordes a sus necesidades y buscar financiación para los mismos en otros países, siempre siendo responsables y coherentes con los gastos y destino de los fondos. También hay que tener en cuenta la diferencia de ritmo de trabajo que tienen allí. Supongo que tienen otras prioridades y le dan mucha importancia a disfrutar de una conversación o de la compañía de otra gente, incluso en las relaciones profesionales, algo que en muchos países “desarrollados” se infravalora y ha quedado en el olvido.
- Creo que mientras menos tiene una persona, menos necesita y mientras menos tiene la sociedad, más solidaridad y empatía hay entre los miembros de la misma. Algo más sobre lo que reflexionar y aprender.
- Esta experiencia en la que he vivido situaciones, no extremas, pero sí más al límite de lo normal para mí, me ha hecho entender que los límites tiene que ponérselos cada uno y que somos más fuertes y podemos soportar más de lo que creemos.
- Tenemos mucho, muchísimo que aprender de estos países mal llamados “en desarrollo” y de nuestro pasado en el que alguna vez le dimos importancia a las cosas que realmente la merecen y no a todo lo material que al fin y al cabo apenas nos aporta nada como personas. También tienen mucho que enseñarnos, dentro de la crisis climática y de recursos en la que vivimos, estas culturas del reutilizar, reusar y reparar en lugar del tirar, desechar y renovar al que estamos acostumbrados en estas sociedades de consumo que, al fin y al cabo, lo único que están consumiendo es a nosotros mismos.
No podría explicar aquí todas las cosas que me ha hecho plantearme esta experiencia
y cuánto he aprendido y tengo que aprender, espero, de otras culturas y países.
Estoy deseando volver, si no a Ghana, a otros países africanos en lo que pueda hacerme
más humana no sólo aprendiendo de sus palabras y sabiduría, sino también de sus gestos,
bailes, sonrisas y cariño.
Os dejo aquí algunas fotillos de los últimos días, de esta gente y paisajes
maravillosos que espero poder visitar de nuevo en algún futuro no muy lejano.
Vista del mar con barca de pescadores de fondo |
Playa de Kokrobite |
Niñas de la zona |
Niñas poniendo caras para la foto! |
y lo que te costó al principio!!! pero me alegro de que disfrutases y aprendieses tanto con la experiencia!!! ehh pero la próxima mira si puede ser un país un poco más cercano a dond esté yo!!!
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